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INSTITUTO DOMINICANO DE GENEALOGÍA, INC. |
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Cápsulas Genealógicas |
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SUPLEMENTO CULTURAL DEL DIARIO Hoy |
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SÁBADO, 9 DE AGOSTO DE 2025 |
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entre continentes: la historia tRAnsnacional de la familia niese julia (2 de 2) |
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Preparado por Raquel de Castro Morel |
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Dolores Niese Julia de Díaz (58 años) en 1938 junto a varios de sus nietos. A su lado, el mayor, Otto Vega Díaz (17 años). De izquierda a derecha, Justico Castellanos Díaz (6 años), Iván Castellanos Díaz (3 años) y Antonio (Tony) Castellanos Díaz (8 años). Dolores Augusta Virginia Niese Julia (1878–1941): Educadora, comadrona y matriarca de vínculos caribeños. Dolores Augusta Virginia Niese Julia nació en el consulado alemán en Cabo Haitiano el 18 de mayo de 1878. Siendo aún una recién nacida, sus padres se trasladaron a Puerto Plata, donde la familia residió durante su primera infancia. A los cinco años, fue enviada junto a sus hermanos Ana y Enrique a la ciudad natal de su padre, Altona (entonces parte de Hamburgo), Alemania, para iniciar su educación. Allí cursaron los estudios primarios y continuaron los secundarios en Hamburgo, desarrollando una formación profundamente europea. Al cumplir dieciocho años, Dolores regresó a Puerto Plata, donde se reencontró con sus raíces caribeñas, y aprendió el idioma español con quien sería su esposo, Rafael Díaz González.
Rafael, comerciante de ascendencia cubana, era hijo de Rafael Díaz Márquez y Rosario González Camero. Contrajeron matrimonio en Santiago de los Caballeros el 1 de julio de 1896 y establecieron su hogar en esa ciudad, salvo los períodos en que Rafael fue nombrado cónsul dominicano en Puerto Príncipe, Ponce (Puerto Rico) y Nueva York. De esta unión nacieron al menos cinco hijos: Rafael (1897-1950), Clementina del Rosario (n. 1898), Rosario (n. 1903), José Cayetano (n. 1914) y Clara Dolores (1918-2004). A través de sus descendientes, la familia Díaz Niese se vinculó a importantes redes sociales, culturales y empresariales del Caribe.
Uno de sus hijos, Rafael Díaz Niese, se convirtió en una de las figuras intelectuales más destacadas del país en el siglo XX. Formado en Europa, obtuvo doctorados en medicina, filosofía y arte, siendo el primer dominicano en graduarse como psiquiatra. Fue el primer director general de Bellas Artes, codirector de los Cuadernos Dominicanos de Cultura, ensayista, crítico de arte y políglota. De fuerte carácter y vida austera, dedicó su trayectoria al estudio, la preservación del patrimonio y la difusión del pensamiento humanista, dejando una impronta cultural notable tanto en la República Dominicana como en círculos internacionales.
En particular, la descendencia de Clementina del Rosario y Miguel Ángel Vega Hernández —casados en 1919— destaca por su impacto contemporáneo: su bisnieta Amelia Vega Polanco fue coronada Miss Universo en 2003. Por otro lado, Rosario Díaz Niese casó con Ramón Furcy Castellanos Ortega y Clara Dolores con Manuel Antonio Peralta Rojas, expandiendo aún más las ramas familiares y reafirmando el peso público y privado del linaje en la región norte de República Dominicana. Rosario fue abuela de Justo Pedro Castellanos Khoury, juez emérito del Tribunal Constitucional.
Más allá de su papel como madre y matriarca, Dolores se distinguió por una trayectoria profesional excepcional para su época. Estudió obstetricia y ginecología en el Instituto Profesional de Santiago, integrando el grupo pionero de parteras en la ciudad junto a Adriana Mascaró de Giralt, Melania Pichardo de Saleta y María Castellanos. Más adelante, perfeccionó sus conocimientos en la Universidad de Santo Domingo y luego en la Maternidad de Baudelocque, en París. Durante su estancia en la capital francesa también tomó cursos de alta cocina en la prestigiosa escuela Cordon Bleu. A su regreso, ejerció su profesión durante décadas y se convirtió en la primera directora de la Escuela de Economía Doméstica de Santiago, promoviendo la educación práctica y la salud femenina. Dolores Niese Julia hablaba el alemán como lengua materna y el francés como segunda lengua, rasgos que revelan su identidad bicultural profundamente formada por su paso por Europa. Su vida representa un puente entre el Caribe y Europa, entre lo privado y lo público, entre la tradición y la innovación femenina. Falleció el 18 de noviembre de 1941, dejando un legado de movilidad, vocación de servicio y protagonismo femenino inusual en los registros dominicanos del siglo XX. Carl Joseph Antonio Niese Julia (n. 1881): La figura enigmática de los Niese Julia. Nacido en Hamburgo en junio de 1881, Carl Joseph Antonio es el miembro más enigmático de la familia Niese Julia. Existen escasos registros sobre su vida posterior, aunque se ha identificado un posible certificado de defunción de un “Carl A. Niese” en Washington en 1945, coincidiendo con el mes y año de su nacimiento. No obstante, esta coincidencia no ha podido ser confirmada como correspondiente al mismo individuo. Se especula que pudo haber participado en la Primera Guerra Mundial y fallecido en acción o haber migrado a Estados Unidos a una edad temprana, aunque los datos disponibles no permiten reconstruir su trayectoria con precisión. Su figura permanece abierta a futuras investigaciones familiares y genealógicas.
Enriqueta Niese Julia y su hija Clementina Núñez Niese. Circa 1909. Marie Henriette (Enriqueta) Niese Julia (1882–1954): Legado y familia. La menor de los hermanos, Marie Henriette Niese Julia —conocida familiarmente como Enriqueta— nació en Fort Liberté, Haití el 2 de noviembre de 1882, y fue declarada dos días después. Más adelante se trasladó a la República Dominicana, donde contrajo matrimonio con José Alejo Núñez Tabares (n. Santiago, 21 de julio de 1877), con quien tuvo tres hijos: María Clementina (1907-1963), Ana Antonia (1910-1962) y José Ramón Núñez Niese (1911-1958). De los hijos de Enriqueta, se destaca su primogénita, María Clementina (Clementina). Fue discípula de Ercilia Pepín y ejerció el magisterio en Santiago y en distintas localidades del país. Se graduó en la Escuela Superior de Señoritas a los 17 años, junto a compañeras como Herminia Pérez, Mercedes Zouain y Ana Pepín. Según el testimonio de esta última, narrado a Simón de Castro —hijo de Clementina—, con motivo de la graduación de la escuela, Clementina y sus compañeras bordaron la bandera dominicana que fue izada en la fortaleza San Luis de Santiago para celebrar la salida de las tropas interventoras estadounidenses y la asunción al poder del presidente Horacio Vásquez el 12 de julio de 1924. Este acto, de profundo valor simbólico, fue liderado por la propia Ercilia Pepín.
En 1928, cuatro años después, las jóvenes que habían confeccionado aquella bandera —entre ellas Clementina— fueron invitadas a elaborar la bandera de Nicaragua, la cual fue enviada por Ercilia Pepín al general Augusto César Sandino, quien luchaba en su país contra la ocupación militar norteamericana.
Clementina contrajo matrimonio con Darío Ramón de Castro Rey (1897-1978), con quien procreó a Rafael Darío (n. 1931), José Ignacio, María Magdalena y Simón Enrique (n. 1936) de Castro Núñez. Fue una mujer resiliente y de profunda fe, y se cuenta entre las primeras consagradas al Corazón de Jesús en la República Dominicana, devoción que fue introducida en el país en el año 1935.
Ana Antonia la segunda hija de Enriqueta, se unió a Emilio Montano Deschamps, quien, se presume, fue asesinado por el régimen de Trujillo. De esa unión nació Socorro de Jesús Deschamps Núñez (n. 1938). Por su parte, José Ramón casó con María Eduviges Rodríguez Almonte (n. 1918), con quien tuvo dos hijos: Guillermo Antonio (n. 1945) y Enrique de Jesús Núñez Rodríguez (n. 1950); además, adoptaron a Minerva Antonia (n. 1940).
Enriqueta falleció en Santiago en 1954, a los 73 años, dejando una huella significativa como transmisora del legado cultural y familiar.
Herencia en movimiento: una familia entre siglos y fronteras. La historia de la familia Niese Julia trasciende los límites convencionales de la genealogía. No se trata únicamente de registrar nacimientos, matrimonios y muertes, sino de comprender cómo una red familiar supo adaptarse a los cambios geográficos, lingüísticos y sociopolíticos de los siglos XIX y XX. A través de trayectorias que cruzaron océanos y se reconfiguraron entre múltiples culturas, esta familia supo insertar sus nombres —y sus silencios— en las estructuras económicas, intelectuales y afectivas de su tiempo.
Desde las aulas de Hamburgo hasta las salas de parto en Santiago, desde los consulados en el Caribe hasta los salones académicos en California, los Niese Julia encarnaron un tipo de ciudadanía móvil, educada y resiliente. Su legado no solo se preserva en archivos, fotografías y actas civiles, sino también en las historias transmitidas oralmente, en los gestos de cuidado, en las decisiones de migrar, enseñar, servir o emprender.
En un mundo donde las fronteras se endurecen y los vínculos se desdibujan, recuperar la memoria de familias como esta permite repensar la historia desde el entrecruce: entre clases sociales, entre naciones, entre géneros, entre generaciones. La familia Niese Julia, al habitar esos intersticios, nos recuerda que la identidad no es una línea recta, sino una constelación de recorridos, decisiones y afectos en permanente diálogo con la historia. |